"¿Es una dulce dama? ¡Una fiera!"

 Llevo varios días atascado en una frase. Es de una novela del oeste:


Ésta es la frase:

Y cuando la joven dio por finalizada su actuación, la muchedumbre ingente que le había escuchado en el más respetuoso de los silencios, provocado por una sincera admiración y placer; irrumpieron en gritos salvajes y admirativos, expresando de esa forma el delirio alocado que se había apoderado de todos, ante la interpretación admirable de unas canciones maravillosas.

¿Es una dulce dama? ¡Una fiera!, Marcial Lafuente Estefanía, p. 51

 Sinceramente, no sabría decir si está “bien” o “mal” escrita; es el primer libro que leo y no tengo opiniones sobre la literatura en general, menos aún sobre lo “bueno” y “malo” en cuanto a libros1. Lo que me ha estado obsesionando, ahora lo empiezo a comprender, es el detalle de la sinceridad en masa, me refiero a la "sincera admiración y placer" de la "muchedumbre".
 La joven (se llama Maisy Power, ha viajado a Kansas desde Boston para encontrar a su hermano, acaba de estrenarse como cantante en un sórdido local) la joven ha cantado admirablemente, y la “muchedumbre” agolpada en el saloon – un público de vaqueros, gente ruda y en principio poco respetuosa – la ha escuchado en silencio. ¿Por qué? Porque ha admirado, y ha gozado, sinceramente, es decir que no estaba fingiendo ni siendo irónica2. Pero cuidado: Estefanía no dice que los vaqueros – que todos y cada uno de ellos, por separado – estaban siendo sinceros en su “admiración y placer”, sino que la muchedumbre estaba siendo sincera, la muchedumbre como tal: hubo sinceridad en masa, y no – por ejemplo  ironía grupal.
 Ahora bien, ¿cómo puede ser sincera, o irónica, una muchedumbre como tal? ¿Tendría sentido, por ejemplo, decir: "Los asistentes a la función – unas seiscientas personas – guiñaron irónicamente"? Era un público culto, desde luego, un público operístico y aficionado a la ironía; pero ¿cómo pudieron guiñar simultáneamente3? ¿Y, sobre todo, cómo pudieron ser irónicos simultáneamente? En realidad, puede ocurrir; las probabilidades de que seiscientas personas ironicen a la vez sobre una ópera lamentable son muy remotas (también van muchos imbéciles a la ópera), pero puede ocurrir. Lo que sí no puede ocurrir en ningún caso, me parece, es que el público como tal guiñe irónicamente.
 ¿Cómo puede sincerarse o ironizar o emocionarse en general una masa? La masa, es decir, no los componentes de una multitud uno por uno, sino la suma abstracta de todos. Pensemos en esos funerales amañados al estilo soviético: "La muchedumbre lloraba al dictador", "El pueblo palideció y, llevándose las manos a la cara, rompió a llorar". No, suena extraño que un pueblo – y no cualquier pueblo, sino el pueblo – pueda palidecer (¿con qué piel?) y llevarse las manos a la cara (¿con qué manos?) por la muerte del dictador, por mucho cariño que le tuviesen al fin y al cabo. Entiendo que cuando una muerte reúne a un montón de personas, cada una de ellas, el 100% incluso, esté triste por su cuenta, a título personal, pero ¿y el montón? ¿No están precisamente para eso los funerales, para decir: “La colectividad como tal no llora, sólo gestiona y gesticula”? ¿Y qué pasa cuando estalla una bomba o un sistema y “la sociedad sale a la calle a manifestar su repulsa” o “su indignación”? No, pero hubo un estallido, y eso creó un cortocircuito extraño entre el uno (quienes se asquean concretamente) y lo múltiple (su enumeración abstracta). El otro día un capitán de barco se comportó como un cobarde y avergonzó a la sociedad italiana, por ejemplo, a la totalidad de la sociedad italiana como tal: "La vergüenza le cortó la respiración a la totalidad. Parecía no sólo como si todos y cada uno de los miembros de la totalidad se hubiesen tragada una mosca, sino como si la totalidad como tal se hubiese tragado una mosca”.
 Y sí, ya sé que Estefanía habla de un estado de enajenación (un "delirio alocado" se ha "apoderado" de los vaqueros), un estado prácticamente animal o "salvaje"4, pero me cuesta entender que haya ironía o emoción o razón o locura de algo tan abstracto como una “muchedumbre”. Lo siento, pero igual que la materia inerte no tose, y la carroña no piensa, no tiene sentido decir que una muchedumbre se sincera.
 Quitando esto, que sigo intentando comprender, la novela me está gustando. Vuelvo a decirlo, es ésta:


1. Sé, por ejemplo, que un buen escritor evitaría usar "admiración", "admirativos" y "admirable" en la misma frase (pero tampoco evitaría a toda costa repetirse, cambiando por ejemplo, sistemáticamente, "dijo" por "balbuceó", "rezongó", “masculló”, etc.). También sé que los errores gramaticales y de puntuación ("la muchedumbre", etc., punto y coma, "irrumpieron", ¿quiénes?, "la muchedumbre”, “la muchedumbre ingente que le había escuchado", ¿a quién?, a ella, a "la joven", etc.) no tienen que ver con la calidad estrictamente literaria de un texto, así que olvidémoslo, fuera.
2. Pensemos en un silencio irónico: “Había algo en el silencio que me hizo comprender que estaban callándose irónicamente”, sí, puede ocurrir, silencios con distintas texturas, “un silencio cómplice” por ejemplo, me suena haberlo oído; es más difícil imaginar una admiración o un placer irónicos, pero no nos entretengamos.
3. Otra pregunta: si todos guiñan – y siempre guiñamos para alguien, alguien que no queremos que nos tome por un imbécil –, ¿para quién están guiñando? Claro, ninguno sabe que todos los demás está guiñando. Pero si alguien lo supiera, sería precisamente ése para quien todos estarían guiñando en caso de que también lo supieran.
4. Este versus lejano oeste, Boston versus Kansas, poesía versus ganado, etc. Los vaqueros son despreciables, pero aquí se muestran capaces de respetar una maravillosa canción: todos tenemos en nosotros un este y un lejano oeste. Lo curioso es que, al mismo tiempo, les gane la locura (¿al mismo tiempo? ¿no era justamente después de la actuación? Recuerda: primero silencio respetuoso, locura reprimida, luego bramidos, locura desatada, nada de aplausos de público civilizado de ópera). No importa: los vaqueros reaccionan salvajemente ante algo que al mismo tiempo respetan. ¿Cómo es posible esto? Aquí nos adentramos en el terreno de lo sagrado, y prefiero mantenerme al margen.