No hay dos manchas de vejez iguales


 Todos los ancianos tienen un aire de familia, ¿no os parece? Con la edad, las facciones tienden a perder definición y uniformizarse, como bajo una gigantesca manta de cuadros, y nos volvemos andróginos, o, mejor dicho, los caracteres sexuales secundarios se vuelven puramente exteriores: permanente (ellas) versus pana (ellos). ¿Quién no ha confundido alguna vez a una desconocida con su propia abuela? ¿Acaso no los llamamos "abuelo" a todos, indistintamente? ¿No decimos "nuestros mayores", como si fuesen un patrimonio colectivo del cuerpo social? De hecho, los tratamos como una extensión de nosotros mismos ("¿cómo estamos hoy?", "¿hemos hecho caca?", etc.), un apéndice cuyo sentido parece haberse perdido, como los pezones de hombre. Hay quien dice que esta tendencia a la indiferenciación en la tercera edad es una treta adaptativa para que, cuando mueren (Dios no lo quiera), no nos dé tanta lástima: "Sí, se ha muerto el abuelo, pero mira a ese señor que está cruzando el paso de cebra, es idéntico".

 No, no, esta idea es repugnante. Prefiero pensar que no hay dos manchas de vejez iguales.

El discurso acabó hace dos horas, pero siguen aplaudiendo


 Discurso de Stalin, 1937. Nadie se atreve a ser el primero en dejar de aplaudir para no ofender al Padre de los Pueblos (y acabar comiéndose los zapatos en Siberia). Todas las épocas necesitan a un Moisés que decida partir en dos ese mar de aplausos y nos permita volver a casa.

 ¡Ah, se me olvidaba! En los conciertos suele haber un momento participativo en el que el cantante hace el gesto de dar palmas ("¡Vamos, chicos, dadnos un poco de ritmo! ¡Ayudadnos a hacer música esta noche!"), y muchos obedecemos un rato, le seguimos la corriente hasta que nos damos cuenta de que nadie más lo está haciendo y estamos haciendo el ridículo (tú no eres músico, y él no está dirigiendo una orquesta, parad ya esa mascarada), además de estropear la canción palmeando a destiempo. Habría que hacer otro vídeo sobre la primera persona en los conciertos que decide que ya está bien de hacer "plas, plas, plas, ¿lo estoy haciendo bien, capitán?".

 Yo no sería esa persona: siempre he sentido una responsabilidad desmedida en los conciertos; siempre he creído que, cuando el cantante mira al público en general, me está mirando a mí (consiguen seguirte con la mirada, como la Gioconda); siempre quiero que el grupo se sienta querido, escuchado, arropado por el público español, etc.; y si el cantante hace alguna bromita en inglés, tipo "gracias, hehehe, this is the only thing I know how to say in spanish", me río como si me lo estuviese diciendo a mí personalmente, a veinte centímetros de la cara, porque entiendo un poco el inglés y no quiero que el chiste caiga en oídos sordos y parezca que lo estamos desdeñando; y si nos piden que cantemos el tema estrella del álbum, lo coreo como puedo, con la espalda empapada de sudor; y, naturalmente, si nos pide que demos palmas, yo lo hago, sujeto la canción a pulso como un Atlas del puto ritmo, y doy palmas hasta que deje de sonar la última nota, aunque sea el único en hacerlo. Soy todo lo contrario de ese héroe anónimo.

No todo sobre DiCaprio

 Según la persona llamada Lacan (El seminario XX, "Aún"), la mujer es "no-toda", es decir que su goce no está enteramente sometido al régimen fálico (el "ya está", "ya acabó mi órgano de gozar", ¿eh, chicos?), y por eso es fundamentalmente ilocalizable, parcial, no-totalizable, estructuralmente inacabado: "¿Y esto era todo?", ¿eh, chicas? No, nunca será "todo", pleno; siempre faltará un "algo", ese oscuro resto que causa el deseo y con el que el deseo está condenado a no coincidir jamás, a seguir intentándolo siempre – "aún" – una vez más, como en este vídeo de lametones tántricos y restos inalcanzables que hicimos hace unos meses y del que acabo de acordarme:


 Pero ¿sabéis qué otra cosa es "no-toda"? ¡¡El festival de cortos por ordenador Notodofilmfest patrocinado por el whisky Jameson!!


 Este año los chicos de Canódromo Abandonado se han propuesto colapsar la web corporativa de Notodojameson colgando un montón de vídeos interrelacionados. Todos giran alrededor de un mismo punto ciego: la figura del actor Leonardo DiCaprio, que, como el sol y la muerte, no puede ser contemplado fijamente. Ésta es la historia excepcional de un trío de creadores de contenidos on-line que decidieron apostarlo todo a un caballo ganador. Aquí van los vídeos, por orden cronológico:

 Consejo navideño sobre ser uno mismo, o cómo un ambicioso niño llamado Leonardo aprendió a convertirse en el que era gracias a un allanador descalzo:


 Leonardo DiCaprio, de niño prodigio a estrella madura, donde un internauta que ya debería empezar a sonarnos repasa la filmografía del popular intérprete californiano:


 Looking for my cat, o la triple aventura de un reportero, una seguidora de DiCaprio y un oficinista hirsuto, que tapearán al límite en la FNAC mientras la humanidad en tacones llora a sus gatos:


 Leonardo DiCaprio. Interior. Noche, o las tretas de las estrellas del celuloide para atrincherarse en lo más íntimo de sí mismas y huir de nosotros:


 El efecto DiCaprio, un making-of exclusivo del vídeo inédito que propulsó a nuestros samuráis del ocio sobre la escena internacional de Internet a lomos de un caballo llamado DiCaprio. Soñaron con ver un día su cara estampada en un jersey, y puede que hoy estén más cerca que nunca de conseguirlo:


 Y, por último, Lo que viene a ser viajar en el tiempo, un divertimento aislado sobre los cortos de paradojas temporales y demás:


 Gracias al whisky Jameson por darnos esta oportunidad y al agente de Leonardo DiCaprio por contestar a todas nuestras preguntas mientras preparábamos los guiones.