Eclipse de cabeza

 En estas fechas siempre pienso en la Navidad.

 La Navidad nos enseña a aprender a jugar en equipo. Hay que aislarse para gozar, desde luego – hace frío y nos lo hemos ganado –, pero en equipo. La Navidad nos recuerda que el mal no es sino la existencia de los seres en cuanto implica su separación, como dijo Bataille en el libro que venía leyendo en el metro.

 La Navidad nos enseña por ejemplo el valor del hedonismo en familia ("¿Me pasas el puré?", cómo no, vamos, suelta ese ala de pollo y acércale la fuente al señor, aprovecha ese instante para mirar tu reflejo en el puré y sonríe, tu vida es el álbum hecho de esas fotos).

 Pero la Navidad también nos enseña el valor del hedonismo corporativo, o cena de empresa ("Vaya cogorza se pilló Sánchez, de Control de Calidad, ¿eh?", "co-gorza", es decir gozar con. Hay que echarles puré, a esos momentos de complicidad, esos codacitos en el costillar, toquecitos avícolas como de ala de pollo. Hay que echarles puré, porque son momentos de no-separación de los seres, momentos de ciempiés humano ontológico).

 Pues bien: el personaje de este vídeo ignora el valor de esos momentos de camaradería y paga con la cabeza ese separatismo.

 Es Navidad. Démonos un homenaje en equipo.

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