Sonriente zurullo de Bélmez

 1. Dos amigos de infancia muy compenetrados. Han sincronizado perfectamente su metabolismo: estén donde estén van siempre al váter a la vez, teléfono en mano, y se hacen perdidas para confirmarlo. Nunca se cansan de este juego, nunca dejan de maravillarse. 

 2. Antes de que existieran los móviles se conformaban con pensar muy fuerte el uno en el otro.

 3. Un día uno de ellos caga un busto del otro, un zurullo figurativo. Es una talla rudimentaria pero no deja lugar a dudas: Ese lunar en la mejilla... ¡es Javi, no hay duda! El zurullo le sonríe, tal vez le guiña un ojo, sonriente zurullo de Bélmez. 

 4. Se asusta y no se lo dice al otro. Es la primera vez que no le dice algo a su amigo, y se convence de que lo ha soñado: Soñé que cagaba a mi mejor amigo.

 5. ¿Cómo tuvo tiempo de fijarse en el detalle de la cara? Era un zurullo prieto, sólidamente adherido a la porcelana. Sintió un espanto sacrílego al empujar con la escobilla a su amigo cañería abajo, evacuando el prodigio.

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