Soluciones papales

 El Papa pasa delante de una tienda de zapatos y se fija en unos de mujer, ¡pero de refilón!, sin hacerles mayor caso. Va a pasar de largo cuando se le ocurre que no sería pecado comprarlos; no para ponérselos luego ni nada por el estilo, sólo por comprarlos, porque puede, el Papa puede, claro, ¿por qué no? (aunque en sí tampoco habría nada malo en que el Papa llevase zapatos de mujer, zapatos de tacón muy alto incluso, siempre y cuando no fuese en un contexto erótico: por ej. si fuera el único calzado disponible e hiciera demasiado frío para andar descalzo). Entra a comprárselos, pero al ir a pagar a la caja se arrepiente, porque hacer las cosas sólo por hacerlas es un acto de orgullo, mucho peor que, en este caso, probarse unos zapatos de mujer. Aún así decide llevárselos y los guarda siempre para recordar el incidente, en plan penitencia. Puede que ahora mismo los esté mirando.


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